jueves, 11 de junio de 2009

NORMA JEANE MORTENSON





"Nunca me ha gustado el nombre Marilyn. A menudo he deseado que aquel día me hubiera quedado con Jean Monroe. Pero supongo que ahora es demasiado tarde para hacer nada sobre ello".
Marilyn Monroe.


Yo la soñaba de entre todas las estelares diosas que conocía; siendo mi rubia debilidad, pero ella no lo sabía. Era mi favorita ya que desde niño no me perdía sus películas, asistiendo al cine a verlas una y otra vez. En diferentes funciones, porque ella representaba mi sueño anhelado, mi amor platónico.

Era tanto mi deseo e idolatría que coleccionaba los afiches de sus películas, calendarios, revistas cinematográficas y del espectáculo. Recuerdo una muy famosa el “Bus Stop”. Claro que a pesar de toda la documentación que tenía de ella, nunca supe con seguridad quién fue su padre; solo podía especular por su apellido de pila que era un inmigrante noruego llamado Martín E. Mortenson. Mientras que su madre se llamaba Gladys Monroe, famosa fotógrafa que cortaba los negativos en la productora de cine RKO.

En lo que no podría considerarse el inicio de una vida, yo en mis largas tardes cuando leía una y otra vez las revistas de farándula, pude averiguar que a los 8 años, mi amor platónico ya había tenido problemas psiquiátricos, con posibles tendencias autodestructivas y suicidas. Este hecho no dejaba de estremecerme, ya que yo no entendía como una niñita podía tener este tipo de problemas; llenándome de una entrera tristeza, porque el saber que mi actriz predilecta había sufrido mucho a una edad tan temprana, era una tortura para mí.

Perdido en mi sueño, yo me preguntaba el por qué de este tormento injusto, pero por más que lo hacía, no encontraba la respuesta; especulando que podía ser la mala relación que tenía con su padre, o el inestable carácter emocional de su madre; que también tenía problemas psiquiátricos. Entonces como una consecuencia de ellos, la joven Norma Jeane Mortenson, vivió con el matrimonio Bolender, en un orfanato, junto con vecinos de su abuela.

Como mi deseo por conocerla crecía cada vez más, yo había leído en toda documentación que llegaba a mis manos, que a los 16 años, la joven Norma Jeane Mortenson se había casado con James E. Dougherty, un irlandés de 21 años funcionario en una fábrica de aviones durante el transcurso de la segunda guerra mundial. Con el tiempo viajó como instructor a la isla Catalina, frente a Los Ángeles en Estados Unidos.

De acuerdo con lo que yo sabía y había averiguado de ella, este habría sido el primer matrimonio de mi diosa; porque yo la veía como una diosa fantástica de ensueño y del cine.

Entonces como a toda diosa le gusta que la adoren, en el año 1945 un fotógrafo de la marina por estudios, visitó la fábrica donde ella se desempeñaba trabajando. Su belleza y hermosura eran incomparables como todo ser de fantasía, a tal punto que quedó seleccionada en las pruebas de fotografías de la revista Yank; que era mi tesoro porque yo tenía ese número de la revista en mi colección, convirtiendo a mi diosa en una figura de las pasarelas, gozando de tal fama histórica que fue contratada por la agencia de modelos Profesional Blue Book.

Por todos sus atributos físicos, estéticos, artísticos, y cinematográficos, Norma Jeane Mortenson es contratada por la revista Yank. En la cual su amiga Emmeline Snively, la produce en lo que es estilo de presentación aconsejándole cambiar su peinado natural por rubio platinado, afinándose sus cejas, y operándose la nariz, siendo para mí más bella a cada momento, de ahí que yo no paraba de pensar en ella, y en toda su hermosura y simpatía.

En el glorioso y existoso año de 1945, Norma Jeane Mortenson fue portada de más de 30 revistas cinematográficas. Porque los medios de comunicación le dieron el nombre de “el sueño de los fotógrafos”. Claro que no sólo era el sueño de los fotógrafos, sino que también era el mío en particular. Debido a que era todo un placer metafísico para mí, el contemplar su belleza, y leer los reportajes que la prensa le hacía, en largas horas de admiración hacia mi diosa idolatrada, porque lo reconozco: Yo estaba enamorado de ella.

En mis siderales divagaciones mentales, recuerdo la fascinación que tubo en julio de 1945, el jefe de reparto Ben Lyon de la 20th Century Fox al entrevistarla. Pero dicha fascinación no se comparaba con la mía, al admirar sus afiches, fotografías, calendarios, y toda imagen que yo tenía de ella en mis aposentos.

Recuerdo claramente que su nombre artístico, fue una revelación del jefe del reparto: “Marilyn Monroe”. El primer nombre Marilyn con la finalidad artística de conmemorar a una actriz anterior, y su apellido Monroe, porque era el de soltera de su madre.

El año 1946 no fue tan lleno de glorias ni de éxitos para Marilyn Monroe, ya que su marido James E. Dougherty se embarcó tristemente para Australia, divorciándose de ella.

Ya en el año 1948 el director de cine Joe Schenk, por sus méritos y fama le asigna un papel protagónico en la cinta “Coro de damas”. Mientras que en 1949, por su despampanante hermosura el fotógrafo Tom Kelley, la consagró para su calendario.

La entrega de los premios cinematográficos Óscar es en 1951; y en el año 1952 los fotógrafos la eligen portada de la revista Life. Todo antecedente y dato histórico me llenaba de pasión e ilusión, al ver como mi amor platónico iba directo por el triunfante camino del éxito.
Como es la tradición de las grandes figuras del espectáculo en Hollywood, Marilyn Monroe estampó sus huellas en cemento, en la entrada del Hollywood Bouledvard, junto con Jane Russell.

Dentro del ambiente artístico no pueden faltar los rumores de la farándula cinematográfica; y los medios de la época relacionaron sentimentalmente a Marilyn Monroe con el director de cine Elia Kazan.

A pesar de que Marilyn Monroe frente a las cámaras era todo un símbolo, y por supuesto mi sueño dorado, sé que en su interior, en el fondo, en lo que no muestran las fotografías, y sólo podemos ver los observadores que miramos con los ojos del alma, tenía inseguridades patológicas; producto de la tristeza por la que había pasado durante su infancia, pubertad y juventud. Este hecho a mí me llenaba de dolor y rabia; porque no entendía la injusticia divina, de ver a una diosa como ella, como podía tener tanto suplicio en su vida que estaba llena de éxitos y contratos cinematográficos. Dichas inseguridades le ocasionaban a los productores, grandes problemas y pérdidas a la hora de las filmaciones.

Recuerdo claramente de todo lo que leía de ella, que sus estudios académicos comenzaron en 1954, y, como no podía ser de otra forma, correspondían al área de las artes escénicas con Lee Strasberg, el director de “Actor’s Studio”, en la ciudad de Nueva York creando “Marilyn Monroe Productions”, en colaboración con el fotógrafo Milton Green, con la finalidad de llegar a un mayor profesionalismo en los contratos cinematográficos. Debido a que en el año 1955 la Fox Century le interpone una demanda precisamente por incumplimiento de contrato; pero dicho litigio legal es resuelto con este estudio de cine al firmar con él, un contrato millonario por 8 millones de dólares, por un total de 7 películas.

Marilyn Monroe posteriormente contrae matrimonio con el dramaturgo Arthur Miller, en el año 1956. Y él escribió para ella el guión de la producción “Las personas inadaptadas” (“The Misfits”). Ya en 1957 Marilyn filmó las famosas películas “Parada”, y “El príncipe y la corista”, esta última dirigida y coprotagonizada con Laurence Olivier.

Los problemas emocionales de Marilyn como sus constantes crisis nerviosas, y su mala relación con su esposo, hicieron que mi desdichada y sufrida actriz, se enamorara de Yves Montand, esposo de Simona Signoret, actriz de repardo de la afamada película “El multimillonario”.

Yo no entendía como una belleza como ella, que podía tener muchos todos los pretendientes que quisiera, podía ser tan desdichada en el amor, porque yo hubiera dado un mundo, para poder haber sido su esposo; amarla y respetarla para toda la vida, y más allá de la eternidad.

Pero no todo era desdicha en la vida de Marilyn, porque el éxito le sonríe nuevamente con un reconocimiento artístico, porque es premiada con el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia en el año 1960. Y en el año 1961, en un intento de rehacer su vida emocional, finalmente se divorcia de su esposo Arthur Miller.

Me desconcertaba el hecho de que una diosa de fantasía como ella, podía tener tantos problemas emocionales, y la única explicación que me daba; luego de leer una y otra vez, durante incontables horas sus biografías, era que la raíz de todos sus problemas radicaba en su infancia, pubertad y mala juventud. Ya que dicha hipótesis se me confirmó; cuando supe que en el año 1961; es internada en la clínica psiquiátrica Payne de Nueva York, precisamente por una crisis depresiva.

Luego de haberse divorciado y en un intento por buscar su independencia, Marilyn compró en el año 1962 su casa en Santa Mónica, en Los Ángeles, Estados Unidos; inciando con esto el rodaje de la película “Algo obtuvo a dar”, (“Something’s Got to give”). Siendo esta cinta coprotagonizada con Deam Martin, y dirigida por George Cokkor de la Century Fox. Porque era un hecho tanto artístico al igual que comercial, el que Marilyn Monreo fue durante una década su estrella más rentable. Además dicha cinta tenía por finalidad financiar los gastos generados por la producciòn de la película “Cleopatra”.

Ese mismo año en nueva York, se llevó a cabo la celebración del cumpleaños del presidente John Kennedy; y Marilyn Monroe le canta el “Happy Bithday Mr. President”; ya que se especula que con el vivío un romance.

A esas alturas yo ya estaba fuera de mis cabales, porque no entendía que no hubiera un príncipe azul, como en los cuentos de hadas, (porque yo a ratos así la veía, como una princesa y una diosa de fantasía) que la quisiera realmente y para toda la vida. Entonces yo no paraba de suspirar, como me habría gustado a mí ser ese príncipe azul.

Pero la cruda realidad a la que me enfrentaba me dio a entender y que mi idolatrada diosa sufría problemas de salud, como sinusitis, bronquitis, y síntomas de inseguridad personal, que no la dejaban estar en las seciones de filmación, durante 7 días de rodaje; y contando con la insistencia de la marca cinematográfica, para que cumpliera con los requisitos del contrato, es tristemente despedida de la filmación de la película "Algo Obtuvo a Dar". Este fatal hecho llevó a su actor de reparto Dean Martin a oponerse para el reemplazo de otra actriz para su rol, por lo que es nuevamente contratada.

Por toda la documentación que yo tenía de mi venerada diosa, me informé que también había vivido un romance con un miembro de la famosa dinastía: John F. Kennedy. Su abandono por este último la impulsó a consumir una sobredosis de barnitúricos. Este hecho que sí era de mi conocimiento, por sus constantes problemas de salud que ella tenía; y por los tratamientos médicos a los cuales mi pobre diva se sometía me indicaron que se encontraba pasando por una crisis nerviosa y depresiva de magnitudes considerables. Revelación que no dejaba de causarme un terror atroz.

Era tan grande el terror que yo sentía, que tales problemas de salud que tenía mi idolatrada deidad, la llevaron inexorablemente a la muerte. Con un misterio que hasta el día de hoy nunca fue resuelto.

Ante este acontecimiento tan desgarrador, sólo me queda el triste y resignado consuelo de unas teorías que planteaba sus contactos con la mafia. Además del hallazgo de su cuerpo en una camilla por su criada Eunice Murray. Ya que la última vez que a mi diosa de ensueño se le vió con vida, fue a las 9:00 de la noche. Posteriormente ya a las 10:30 se estacionó una ambulancia cerca del lugar, y dicha presencia del vehículo no se explicaba racionalmente. Después de eso fue encontrada muerta por su criada y con el teléfono descolgado, el 05 de agosto de 1962, a las 3:30 de la madrugada.

La supuesta llamada es un misterio hasta nuestros días. De modo que ahí estaba ella sin vida y abandonada. Mi amor platónico con solo 36 años, la edad en que me hubiera gustado que hubiese sido mi esposa, durante toda la vida.

La misteriosa ambulancia llevaba 5 horas estacionada. De ella salieron emfermeros, que entraron al departamento escoltados por agentes del gobierno, entre ellos una asesora que reconoció a Robert Kennedy.

El informe policial clasificó el tétrico suceso como un posible suicidio, pero el caso nunca fue cerrado, porque no se descartó la teoría de un asesinato. Mientras que una declaración de un testigo, informó que un enfermero dudoso, le aplicó una inyección a la actriz ya fallecida. Y el homicidio hipotéticamente se le atribuye a la familia y dinastía Kennedy, ya que en el informe de la autopsia, se encontraron rastros de barbitúrico; exactamente el Nembutal, que era el preescrito por su psiquiatra. Su estómago y órganos internos, desaparecieron de una forma que hasta el día de hoy, constituyen un enigma policial.

Cuando desperté esa mañana del 10 de agosto de 1962; yo tenía a todos los anuncios de revistas a mí alrededor, porque los había dejado previamente ordenados. Ya que durante esos días me encontraba sobresaltado viviendo una pesadilla; por haber leído anteriormente en la revista Life, junto con otras de espectáculo y farándula cinematográfica, la noticia de su muerte.

No podía creer lo que estaba viviendo, y me encontraba totalmente consternado, ya que mí amor platónico estaba muerto en una camilla; según vi en la nota que aparecía en el diario, que salí a comprar por la tarde, el 10 de agosto de 1962; y en los anuncios de las revistas cinematográficas, que era la misma nota periodística, que ya ningún director podía censurar ni cancelar; como un contrato de filmación errado.

En ese momento sentí deseos de morir, por el insoportable dolor que experimentaba, debido a la gran avalancha de información periodística, que me anunciaba el fallecimiento de mí diosa idolatrada; sí, fue un impacto tardío; para poder estar finalmente a su lado, como fue mi deseo de toda la vida; juntos para toda la eternidad, y así por fin ver que mí deseo se hiciera realidad: Estar con ella, mí sueño anhelado, que yo sólo había visto en las películas, y en los anuncios de revistas: Los mismos que leía durante largas e interminables horas, y los que hicieron que me enamorara de ella; los mismos que me hicieron soñar con una ilusión, y ahora… los mismos, que me anunciaban la noticia de su mismísima muerte.

Fin