martes, 25 de noviembre de 2014

LA VIDA DE LA NECRÓPOLIS





La Historia Universal es la de un solo hombre. 
Jorge Luis Borges.



Mi nombre era Juan Carlos Quintana García, y les diría que era un tipo formal de domingo, de modales muy refinados y menesteres muy finos. Viajé mucho por el mundo, ya que mi esposa María de los Ángeles Díaz de la Rastra me acompañaba en todos los actos diplomáticos, a los que yo me veía en la obligación de asistir. Y como dice el dicho, “la esposa del César no solo debe serlo, sino que parecerlo”. Y en este ir y venir en diferentes países, era de carácter obligatorio; y parte del protocolo oficial, y exigido dentro de las más rigurosas formalidades, el dominar las lecciones de historia; ya que todo hombre – como nos lo inculcaron en la academia-, debe tener su elevada cultura universal. Fue así como supe en mis viajes a Rusia, en la década de los años 1950; que derrotó a Alemania en la guerra fría. Y en esa misma época recuerdo que me tocó conocer de cerca por negocios internacionales, la guerra civil en China, triunfado Mao-Tse-Tung; que instauró en su país el régimen comunista, rebautizando su nación como República Popular China. Estos datos de archivo eran muy importantes para nosotros, en nuestro cuerpo diplomático, a la hora de establecer relaciones internacionales. En un posterior viaje a Estados Unidos, en donde quedé de juntarme con mi esposa en Washington; pude sorprenderme porque nuestros negocios y tratos se estaban incrementando debido a la revolución cultural, gestionada por el acelerado desarrollo industrial de dicho país, que ya emprendía los caminos para ser una potencia mundial, impulsada por las arcas del creciente consumismo. Mientras que al regresar a Chile y por encargo del gobierno, la gira contemplaba pasar por Alemania y Japón; que según lo que daban los informes del economista; estaban en creciente recuperación económica, dato que era de extrema importancia para nuestros negocios a futuro con dichos países; convirtiéndose en potencias económicas mundiales. Hasta el punto de superaban en el comercio internacional a Rusia. Ya había regresado a Chile, y el 17 de agosto de 1961, nació oficialmente una de las bandas más legendarias, de toda la historia de la humanidad, si señores, me refiero a Los Beatles. Formada por: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. Eran toda una revelación para su época. Fue en ese mismo tiempo en que también, era famoso “El Rey”, Elvis Presley; quien estaba considerado el monarca del Rock and Roll; siendo el artista más grande de todos los tiempos, y el más influyente del siglo XX, superando a Frank Sinatra y a los mismos Beatles. Claro que la humanidad no estaba exenta de desgracias; porque ocurrió un hecho muy triste, sacudió la sacudió: El asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy el 22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas por Lee Harvey Oswald. John Fitzgerald Kennedy llegó a ser el tercer presidente más joven de los Estados Unidos; y su crimen fue un momento crucial en la historia de dicha nación, por el revuelo que provocó a nivel mundial, causando un efecto traumático y colectivo. Existió un gran ministro de Iglesia bautista, llamado Martin Luther King, que desarrolló una importantísima labor, como activista del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos para los afroamericanos, ganando el premio Nóbel de la paz en 1964. Su labor se centró en el derecho al voto, la no discriminación y otros derechos civiles para con la raza negra norteamericana. Pero por su titánica y abnegada tarea, es asesinado en Memphis, el 4 de abril de 1968. Martin Luther King es considerado como uno de los mayores líderes y héroes de la historia en Estados Unidos, puntualmente contra la violencia, de acuerdo a los protocolos que nosotros estudiábamos en la embajada. Como un dato correspondiente a las plásticas, causó una gran revolución el movimiento pop, creado por el norteamericano Andy Warhol en la década de los años 1960; destacándose en: Pintura, dibujo, fotografía, grabado, escultura, cine de vanguardia y literatura, considerado uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Hubo un hecho que nos sorprendió; y que no podíamos pasar por alto, ya que era un gran pasó que daría la humanidad, en su historia y desarrollo mundial: En el año 1969 fue la llegada de Neil Armstrong, a la Luna, siendo el primer hombre en realizar dicha hazaña. Y también fue un hecho decisivo el régimen comunista impuesto por Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en Cuba, de la misma tendencia imperante de la época que en Rusia. Desgraciadamente, la humanidad no estaba exenta de guerra, a pesar de las ocurridas en la década pasada, un cruento testimonio de esto es el ejemplo del inicio de la guerra de Vietnam; pero también hubo consolidación al reconciliarse Francia con Alemania (iniciándose la construcción de la Unión Europea). Y las potencias económicas que imperaban en esa época eran Alemania, Estados Unidos y Japón, dato que era indispensable para nosotros, en lo que correspondían nuestros acuerdos, negocios, y relaciones diplomáticas internacionales. En la década de 1960, China vivían su apogeo con la denominada “Revolución cultural”, que transformó dicho país. Y Japón era toda una potencia tecnológica mundial, por lo que nuestro cuerpo diplomático deseaba tener tratos con dicha nación. En la década de 1970, se edifican en Nueva York lo que serían Las Torres Gemelas, convirtiéndose en símbolos de dicha ciudad. También no pudimos tener tratos comerciales con el mundo de los emiratos, por el conflicto árabe-israelí; que dominaba esta década. Además ya la guerra de Vietnam, casi llegaba a su final. En el año 1979, los musulmanes logran controlar a Irán, cuyo presidente era Ayatolá Ruholá Jomeini; que gobernaba bajo la ley Islámica. Pero Chile no tenía tratos diplomáticos internacionales con dicho país, por la conflictiva situación que ese estaba viviendo, y los precios del petróleo que no favorecían a la economía chilena. Corría el año 1980, y se inicia la guerra entre Irak e Irán finalizando en 1988. La década de 1980 comprende desde al año 1981 hasta el año 1990, y en el año 1989, (en noviembre) ocurre la caída en Alemania del muro de Berlín dando el inicio de la unificación histórica de las dos naciones Alemanas. Además se desencajó la desintegración de Rusia; dando el nacimiento a estados independientes, que permitieron la reforma política en las naciones que estaban bajo su gobierno, saliendo la Federación Rusa, liderada por Boris Yeltsin. En el año 1993, nació oficialmente la Unión Europea (UE), con su nuevo bloque político económico que predominó en Europa. En el año 1994, se crea la Organización Mundial de Comercio, junto con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, organismos contemplados dentro de las relaciones y negocios de nuestro cuerpo diplomático. En esta década se lleva a cabo el aumento de las tensiones de la Guerra Fría, entre los Estados Unidos y Rusia haciéndose peligrosa la amenaza nuclear; y dicho predicamento hace que se acerquen estos países; ya que era de nuestro conocimiento el estar al tanto de sus relaciones internacionales y diplomáticas; dominando las políticas de gobierno denominadas Glásnost y Perestroika, impuestas por el mandatario ruso Mijaíl Gorvachov. En este ir y venir de la vida, donde se llevan a cabo acontecimientos mundiales, no tenemos ninguna seguridad ni conocimiento sobre su inicio, desarrollo, y fin; pero sí sabemos con absoluta certeza, como va a finalizar nuestra histórica existencia. Porque a la distancia, se veía en una de las placas reales de la necrópolis de Santiago, en una de las calles designadas a los cuerpos diplomáticos nacionales, la siguiente inscripción: Aquí yace Juan Carlos Quintana García. Embajador de Chile. 10/12/1940 - 20/04/1996. FIN.

LA YÉRMICA INUNDACIÓN ESCANDINAVA DE MI NORTINO SOL



“Moby Dick no es una novela, sino un himno. No importa mucho distinguir si un himno a Satán o a Dios, porque sería un Dios inexorable y fatalista, como el Hado de la tragedia griega”.

 José M. Valverde.


 Los peces que nadaban por el aire, me causaban; una gran expectación en esos siderales, infinitos y ocultos mares. Si, y digo ocultos porque en realidad esos mares yo nunca los había visto; solo por el libro “Los poetas del mar”, de Hugo Montes. Y me provocaba un sentido de la contradicción, ya que la belleza del dibujo en blanco y negro de las tescelaciones de M. C. Escher; totalmente opuesto, al color que he visto toda mi vida, el café arenoso. Pero me habrían gustado conocer esos mares, y navegar por ellos, en sus infinitas y peligrosas costas; que se llevaron en este caso puntual no al infierno; sino al más oscuro e infinito fondo marino, al capitán Ahab; en su justificada obsesión por matar a Moby Dick, ya que dicho monstruo marino, le había cercenado una pierna. Similar caso que tuvo un primo lejano mío, cuando se desempeñaba como pescador de albacoras; en los arrabaleros puertos de Valparaíso. Me llamaba enormemente la atención, la concepción folklórica y mitológica; correspondiente al género escandinavo o nórdico, según la definición de J. Martínez Frías: “De Moby Dick, sabemos que es Lucifer que desafía al reino de Dios; sabemos que es Prometeo, que quiso arrebatar el poder a los dioses, y fue maldecido por ello; sabemos que es otro Timón de Atenas, que se mofa de los decretos del destino, y de la locura del hombre; sabemos que es el rey Lear desafiando la tempestad, que destruye su corazón”. Este planteamiento, lo veo lleno de furia, deseos de venganza, y una desbordante fuerza; orientada hacia la destrucción de todo el mundo. Que a mí en lo personal, me resulta totalmente lleno de extrañeza; porque yo soy un devoto creyente, de la relajada y tranquila mitología del norte de Chile. Al formularme una postura de estudio comparativo; cuando analizo este planteamiento, con las lecciones de historia y geografía; que mi profesor Oreste Plath, me enseñaba en el colegio: El Barreterito: Que es una especie de duende y fantasma benéfico; cuyo martilleo suele oírse en el fondo de alguna galería, cuando la mina trae el anuncio de un alcance. Todo minero cree en su existencia, para sentir los golpes misteriosos, que le abrirán las puertas de la fortuna. Similar planteamiento a cuando los arponeros, encontraban el banco de Ballenas. El insecto reloj: Que aparece en las alcobas de los enfermos que están condenados a morir; y debe su nombre a su marcado tic-tac; similar al del reloj que usaba el capitán Ahab; para marcar la hora del enfrentamiento en contra de su acérrima enemiga, la ballena blanca Moby Dick. El zorro colorado: Cuando el cateador de minas en sus innumerables correrías, por los desérticos cerros, -como si fuera el más ávido de los navegantes-; se encuentra con el zorro colorado, recoge una piedra para lanzársela al animal; y el peso de la piedra le llama la atención, porque se da cuenta que es de oro; similar al doblón, que el capitán Ahab, había clavado en el mástil mayor; y que sería el premio, para el primer marino que divisase en lo más perdido del horizonte, a la odiaba silueta de tan detestado monstruo nórdico. El cerro bramador: Que es un imponente triángulo negro, similar a los flancos que tenía el barco ballenero: El Pequod. Y su clasificación era porque emitía un sonido como el de la bestia nórdica; en sus largos viajes registrados en las bitácoras marinas de mi capitán favorito, Ahab. Los aventureros de la riqueza minera: Que son ricos de la noche a la mañana; como la misma suerte que tenían los tripulantes, bajo las órdenes del capitán Ahab; cuando su caza de ballenas era gloriosa. Porque eran ambiciosos, mujeriegos, y bebedores de ron, en el jolgorio de celebración, a la amistosa alegría nocturna de un juego de naipes. Su lado opuesto, o lo equivalente a la otra cara del doblón de oro; que el capitán Ahab, mantenía clavado en el mástil de El Pequod; correspondía a los “mineros que vagan como fantasmas”; al vivir en esa infinita soledad de los mares, cuando estaban embarcados; y que añoraban ansiosamente el banco de ballenas; porque su localización, era la gloria de las riquezas que perseguían. También dentro de mis estudios académicos, se encontraba “el pájaro azul”; que era similar a las gaviotas, que siempre volaban alrededor de las ballenas; y que según la mitología chilena, se aleja rápidamente; porque sabe que su espléndida belleza, conduce a la muerte pero en este caso puntual, a la de las ballenas. “La cabra negra”: Una vez cuando es vez vencida, lleva a los mineros al sitio donde se encuentran las acaudaladas minas; o en este caso a las ballenas, que son riquezas para sus furtivos arponeros. El lugar donde he vivido toda mi vida, yo lo denomino “el valle de las flores”, (no “La Pérgola de las flores”) según mi profesor, Oreste Plath. Por mi denominación personal y antropológica; debido a que su sitio exacto era el sellamiento del destino, como cual mortal cementerio, de los perseguidos cetáceos. Todo este planteamiento, va en antítesis de la concepción escandinava o nórdica; que expone y engloba al mal en estado puro, y en una sola clasificación, puntualmente noruega: El Leviatán. En lo que respecta a mí perfil psicológico personal; en algunos instantes como si subiera la surrealista marea; siento una gran identificación con el capitán Ahab, cuando furiosamente increpaba: “¡Abofetearía al sol si me malmirada!”. Curiosa contradicción personal, ya que yo nunca haría eso; debido a que el sol me apasiona; y soy amigo de él, de todos los días. En algunas oportunidades, cuando tengo cambios de estado de ánimo provocados por el sol; me gustaría ser como el capitán Ahab, cuando demanda: “¡Yo no doy explicaciones, yo doy ordenes!”. Y ese aspecto hasta a mí me desconcierta, ya que soy lo más sumiso que hay; rasgo característico y propio de la idiosincrasia nortina. En mis gustos cinematográficos mis películas favoritas, son precisamente las dos versiones de la gran obra maestra de Herman Melville; una del año 1956, interpretada en el rol protagónico del capitán Ahab; con uno de mis actores favoritos consagrados: Gregory Peck. Dirigida por John Huston, y la magistral música de películas; de Richard Basehart; a la que iba a ver en matinée, vermouth, y noche al cine, innumerables veces, justamente en noviembre del 2008; cuando invitaba a Elizabeth, mi amor, para que la viéramos una y otra vez. Recuerdo además el mes exacto, cuando leí en los diarios, el problema de los salmones; que no fueron cotizados en la bolsa de economías internacionales de las factorías; por la canción emblemática, que perfectamente sería un himno de celebración en El Pequod; si la cantaran los recompensados arponeros; después de la cacería de ballenas. Tan magistral balada melódica y orquestada, como la música de la película de Richard Basehart; siendo dicho tema, un clásico de la música electrónica, que estuvo en los primeros lugares del ranking; logrando ser un hito del grupo de rock pesado de los años ‘90:













 Guns N' Roses NOVEMBER RAIN 

 (Lluvia de noviembre)

Cuando miro en tus ojos 

Puedo ver un amor contenido 

Sin embargo, "cariño cuando te tengo

¿No sabes que siento lo mismo Porque nada dura para siempre 

Y ambos sabemos que los corazones pueden cambiar 

Y es difícil sostener una vela 

En la fría lluvia de noviembre 

Hemos estado a través de este mucho, mucho tiempo 

Solo tratando de matar el dolor 

Pero los amantes siempre vienen y los amantes siempre van 

Y nadie está realmente seguro de quién está dejando ir hoy alejarse 

Si pudiéramos tomar el tiempo para ponerla en la línea de 

Podría descansar mi cabeza Sólo sabiendo de que eras mía 

Toda la mina Así que si quieres amarme entonces cariño no te abstengas 

O simplemente va a terminar walkin '

 En la fría lluvia de noviembre ¿Necesitas algo de tiempo ... por su propia cuenta 

¿Necesitas algo de tiempo ... sola Todo el mundo necesita algo de tiempo ... en su propio 

¿No sabes que necesitas algo de tiempo ... sola 

Sé que es difícil mantener un corazón abierto 

Cuando incluso los amigos parecen querer dañarte 

Pero si pudieras curar un corazón roto 

No estaría el tiempo fuera de encantarte 

 A veces necesito algo de tiempo ... en mi propio A veces necesito algo de tiempo ... 

sola Todo el mundo necesita algo de tiempo ... en su propio 

¿No sabes que necesitas algo de tiempo ... sola 

 Y cuando tus temores se calmen Y las sombras aún permanecen 

Yo sé que puedes amarme Cuando no hay nadie a quien culpar 

Así que no importa la oscuridad Todavía podemos encontrar una manera de

Porque nada dura para siempre 

Ni siquiera la fría lluvia de noviembre 

 No pienses que necesitas a alguien No pienses que necesitas a alguien 

Todo el mundo necesita a alguien 

Tú no eres el único 

FIN 


Otro rasco complejo en mí, ya que la escuché al pasar en la radio la semana pasada; en consecuencia que yo soy un devoto admirador de la música nortina. Porque su letra me habla textual de que “no importan la tinieblas”; las que se llevaron al más profundo de los abismos submarinos, al desdichado capitán Ahab. Pero tinieblas mojadas, y tan infinitamente interminables como esas, nunca van a oscurecer el amor por mi prometida Elizabeth; que tiene el mismo nombre de la esposa de Herman Melville. Y yo como cual indómito capitán voy a “calmar sus miedos”, y a alejar a las sombras que no nos dejen ver nuestro amor; que tiene la luminosidad del amanecer, porque desde lo más profundo de mi mojado, y enamorado corazón….todos necesitamos a alguien. Y la otra versión cinematográfica, que no me cansaba de ver, era la del año 1998, que me devoraba; como a mi libro favorito una y otra vez, incontables veces en mi infancia; en formato de video; donde el rol protagónico del capitán Ahab; lo llevó magistralmente a la pantalla chica; otro de mis grandes actores predilectos, del formato cinematográfico casero, el señor Patrick Stewart. Mi casa, es una cabaña igual a la que tenía tan magistral señor de las letras; Herman Melville, en donde escribió su obra de renombre mundial. Con características de construcción orientadas al invierno; desconcertante contradicción si yo veo el sol a diario. Y mi cabaña en donde vivo es antigua, por los registros de construcción, que databan del año 1850. El mismo año en que mí escritor favorito, legó al mundo su magistral obra. Y hoy lo que más hace es calor, pero un calor seco, no como el marino; y por eso yo la tenía bautizada como: El Pequod; que era el nombre del barco de mí admirado y respetado señor de los mares, el temible capitán Ahab. Y viviría en ella, el día que me case con mi amor Elizabeth; además habíamos planeado ya tener 4 hijos, y sería un matrimonio burocrático, según los patrones de formalidad de mi autor favorito, Herman Melville. Claro que yo de burocrático tengo bien poco y nada, por toda mi personal influencia geográfica en donde nací, crecí y vivo actualmente. Dentro de mis grandes escritores favoritos, aparte de Herman Melville, se encuentra indudablemente Jorge Luis Borges, que en asoleados, secos y áridos días; me apasionaba leer su magistral comentario literario sobre mí obra favorita: “Es la novela que ha determinado la gloria de Melville, página por página, el relato se agranda hasta usurpar el tamaño del cosmos; al principio el lector puede suponer que su tema es la vida miserable de los arponeros de ballenas; luego, que es la locura del capitán Ahab, ávido de acosar y destruir la ballena blanca; luego que la ballena y Ahab y la persecución que fatiga los océanos del planeta y espejos del universo”. En mis áridas divagaciones, que me sitúan imaginariamente en los infinitos mares secos, que veo todos los días, y en mí imaginario espíritu de aventurero, me gustaría ser un arponero de ballenas; y sentir la intensa emoción de lo que sería matar a un monstruo de esa envergadura. Pero yo nunca demostré un perfil obsesivo; como el de mí capitán favorito Ahab, no, yo soy lo más relajado y tranquilo que hay; por la característica idiosincrasia del lugar donde he vivido toda mi vida; y en mi vida real yo no mataría a una mosca. Y es más al analizar el nombre en sí de Ahab; es de clasificación bíblica; y al mismo tiempo un hereje, y un perfecto asesino calculador, tanto así que el solo hecho de escuchar esa descripción, me causa un enorme e incontenible pánico. Y su marcada locura por enviar al mismísimo infierno marino; a la bestia del leviatán, fácilmente lo pone en una postura frente a la vida; como el mayor enemigo de todo el universo; sin ningún miramiento, al asumir tal violenta, de existencialista e irreverente postura. Al contemplar su perfil en los afiches cinematográficos; yo veía representada toda esta impactante descripción de odio en su rostro; y lo interpreto como un madero quemado, que el fuego no ha logrado consumir. Y claro que el fuego no ha logrado ni logrará apagar; y ni en el más infinito de los reales mares; ya que la maldad desde su personal punto de vista estaba justificada; y contempla una mayor envergadura, que la de todos los mares del mundo juntos. Claro que lo estético que rescato, de todo este compendio de furia ya llevada a un nivel universal; es la tranquilidad que en lo personal, me da el fuego; porque lo relaciono en un plano real con el calor, no así en mis imaginaciones, que reconozco que se vuelven muy mojadas. También le comentaba a mi amor Elizabeth, lo que opinó otro de mis grandes escritores favoritos, Carlos Fuentes sobre tan monumental novela: “Es una obra de arte perdurable y transmisible, posee validez dentro de una proyección infinita de niveles de comprensión. Y la salubre novela resulta de difícil clasificación. Podría decirse también que es por excelencia la novela del mar, de ese mismo mar, acaso por ser la cuna móvil de todo lo que se mueve después cobra tantas vidas, pero también es la búsqueda obstinada de algo que trascienda la vida personal y le dé resonancias más altas; es el duelo entre el hombre y la naturaleza; es asimismo la historia de una transgresión, y es hasta el acoso de lo absurdo con vista a su desentrañamiento”. Y en mis calurosos días cuando navegaba por los infinitos mares del amor, con Elizabeth, y frescos como la brisa marina le comentaba el final de mi obra favorita. Cuando todo termina con las aguas ya quietas, como cual mortaja, y con gaviotas que revolotean sobre el lugar; donde El Pequod yace hundido, en los infiernos marinos, con toda su tripulación, en tanto que la ballena, como un fantasma se aleja acompasadamente, hacia su eterna tumba en el más oscuro de los avernos oceánicos; llevándose consigo al cadáver del capitán Ahab; entre arpones y sogas, los restos del barco ya destruido; y donde no falta un chileno que representa la humanidad, en este caso la tranquilidad norteña. Pero que voy a saber yo en mi vida real, del: mar, costas, muelles, bitácoras de viajes marinos, tradiciones de tripulantes, de la caza de ballenas, arponeros, cordeles, ganchos, barcos balleneros, aceites de cetáceos, si nací, crecí y he vivido toda mi vida, y hasta el día del hoy en el año 2008, en el desierto de Atacama. 

 FIN