Harry Houdini.
"DE TODAS LAS INVENCIONES QUE EL HOMBRE MODERNO HA LOGRADO CREAR, LA MÁS BUSCADA DE TODAS AÚN LE FALTA POR CONSTRUIR: LA INMORTALIDAD". munir eduardo eluti cueto. Este es un blogspot de carácter personal y literario, de mis propias creaciones, porque si un poeta y escritor virtual como yo no comparte sus obras, ¿De qué sirve escribir?. Espero sus comentarios y estamos al corriente amigos.
lunes, 12 de octubre de 2020
EL GRAN ESCAPISTA
EL DESTRIPADOR
“En mi próximo trabajo le cortaré la oreja a la dama y se la enviaré a la policía para divertirme. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas”.
Jack el Destripador.
A mediados del siglo XIX, en el año 1888, en Londres en el barrio de Whitechapel (East End) de clase baja, había sobrepoblación por el flujo de inmigrantes irlandeses, judíos del este de Europa y de la Rusia imperial. Esto repercutió en el decaimiento del empleo y calidad de vida en donde abundaba el alcoholismo, la pobreza, la violencia, el antisemitismo, el racismo, la delincuencia, y la prostitución, se cometieron cinco asesinatos, adjudicados a un asesino serial que la policía Metropolitana de Londres junto con Scotland Yard no llegó nunca a identificar. Pero los registros incluyeron seis crímenes más en Whitechapel entre los años 1887 y 1891, atribuidos a “Jack el destripador”. A pesar de haber investigado a trescientos sospechosos la investigación policíaca resultó ineficaz para descubrir al asesino serial. A raíz de estos homicidios se realizó un comité ciudadano encargado de patrullar las calles de Whitechapel, para tratar de capturar al asesino serial, pero toda esta empresa fue sin éxito alguno porque nunca se pudo determinar la identidad de “Jack el destripador”; surgiendo teorías y sospechas por parte de la policía y también por parte de la prensa, para determinar los conocimientos quirúrgicos, profesión, y salud mental del asesino en serie; que le envió tres cartas firmadas por el asesino a la policía, en las que se burlaba de las investigaciones, y amenazó con seguir asesinando a las meretrices. Por consiguiente una de las cartas estaba firmada por “Jack el destripador”, de ahí que la policía y la prensa lo empezó a llamar de esa forma. La policía Metropolitana de Londres, en el año 1888 estimó que había 62 burdeles y 1200 meretrices en el barrio de Whitechapel, que tenía muy mala reputación debido a ser un barrio de clase baja, y en el cual la policía Metropolitana de Londres identificó a 11 homicidios ocurridos entre abril de 1888 y febrero de 1891. Claro que no existía certeza para determinar que todos los homicidios habían sido obra del mismo asesino serial, cinco de ellos tenían elementos en común, atribuidos a “Jack el destripador”, por presentar cortes en la garganta, mutilaciones genitales, y abdominales, extirpación de órganos y desfiguración del rostro. De esta forma estos cinco asesinatos se denominaron “los cinco canónicos”. La primera víctima fue Mary Ann Nichols, encontrada el viernes 31 de agosto de 1888 en la calle Durward del barrio Whitechapel. Tenía dos cortes en la garganta, el abdomen rasgado y además presentaba incisiones hechas por la misma arma, que se dedujo que era un cuchillo. La segunda víctima fue Annie Chapman. Apareció el 8 de septiembre en la calle Hanbury Spitalfields (del barrio de Whitechapel), presentando cortes en la garganta, y el vientre apuñalado y le fue extirpado el útero. La tercera víctima fue Elizabeth Stride en el 30 de septiembre de 1888 en la calle Henriques, presentando un corte izquierdo en el cuello. La cuarta víctima fue Catherine Eddowes también encontrada el domingo 30 de septiembre de 1888 en Mitre Square, con la garganta cortada y con incisiones en el abdomen, además le habían extirpado el riñón izquierdo y el útero. Y la quinta y última víctima fue Mary Jane Kelly aparecida con el cuerpo mutilado y destripado en Miller's Court, Spitalfields, a las 10:45 a. m. del viernes 9 de noviembre, presentando un corte en la garganta hasta la espina dorsal, ya que le habían extraído todos los órganos abdominales, y el corazón. Estos cinco asesinatos canónicos como los llamó la policía fueron llevados a cabo durante la noche. Y se pudo apreciar que cada asesinato era más severo que el anterior. Estos cinco homicidios fueron llamados “los cinco canónicos”; pero el expediente del barrio de Whitechapel incluyó otros cuatro asesinatos ocurridos después de “los cinco canónicos”. Ya que la policía halló a la primera víctima llamada Rose Mylett, en Clarke's Yard, calle High, Poplar, el 20 de diciembre de 1888, que fue estrangulada. Posteriormente el 17 de julio de 1889, aparece la segunda víctima Alice McKenzie en Castle Alley en el barrio de Whitechapel; con una herida en la carótida izquierda, contusiones y cortes. Este macabro hallazgo no se incluyó como una continuación de “los cinco canónicos”. La tercera víctima que apareció en Whitechapel no se pudo identificar por estar decapitada, y con las piernas amputadas, encontrándose su torso mutilado en la calle Pinchin, el 10 de septiembre de 1889. Y finalmente la última víctima del expediente de Whitechapel, se halló el 13 de febrero de 1891 en la calle Swallow Gardens, con su cuerpo intacto y con un corte en la garganta. Aparte de “los cinco canónicos”, y los otros asesinatos se le atribuyeron más crímenes a “Jack el destripador”, como el caso de Fairy Fay, hallada el 26 de diciembre de 1887 con una estaca en el abdomen. De manera fortuita también hubo sobrevivientes de los ataques de “Jack el destripador”, como fue el caso de Annie Millwood que el 25 de febrero de 1888 sobrevivió; y llegó a la enfermería de la workhouse de Whitechapel con puñaladas en las piernas y en el abdomen, muriendo el 31 de marzo por causas naturales. También se cuenta el caso de Ada Wilson, que sobrevivió a dos puñaladas en el cuello el 28 de marzo de 1888; y también Annie Farmer, que presentó un corte superficial en el cuello el 21 de noviembre de 1888. Curiosamente se halló a una víctima de sexo masculino, que fue John Gill, un niño de siete años el 29 de diciembre de 1888 en Manningham, Bradford, con las piernas heridas y una oreja amputada, el abdomen seleccionado y le había extraído los intestinos y el corazón. La prensa atribuyó este crimen a “Jack el destripador”, porque la policía no pudo procesar a ningún sospechoso. Porque los documentos policíacos sobre los asesinatos en Whitechapel consistían en recabar información por medio de un grupo de oficiales que iba de casa en casa para sondear a los vecinos; al mismo tiempo que el material forense era analizado, y cuando se identificaba a los sospechosos, la investigación se hacía más a fondo y se procesaba o descartaba a estos últimos, ya que este ha sido el método usado en las investigaciones policíacas contemporáneas. Y en relación a los asesinatos de Whitechapel la policía entrevistó a más de dos mil sospechosos, investigó a trescientos, y detuvo a ochenta. Toda esta investigación estuvo a cargo del inspector Edmund Reid. Ahora el comisionado de la policía Metropolitana Charles Warren, nombró a Donald Swanson como el coordinador de las investigaciones de Scotland Yard. Pero como sus investigaciones no dieron los resultados esperados, un grupo de ciudadanos del East End de Londres empezó a patrullar las calles bajo el nombre de “Comité de Vigilancia de Whitechapel”, para encontrar a posibles sospechosos de los asesinatos. Se contrató a detectives privados para entrevistar a los presuntos testigos, y el gobierno británico ofreció una recompensa a cambio de la información sobre el asesino. Por el tipo de heridas de las víctimas se sospechó de carniceros, cirujanos, y médicos. Según un reporte del inspector Donald Swanson se visitaron 76 carnicerías, y mataderos investigando a sus empleados por seis meses, sin obtener ningún resultado. Para reforzar la investigación se le pidió al médico forense Thomas Bond que evaluara las heridas, y así poder determinar los conocimientos quirúrgicos del homicida; logrando precisar que los cinco asesinatos fueron obra de la misma mano. En las primeras cuatro víctimas las gargantas parecen haber sido cortadas de izquierda a derecha, y en la última por la extensa mutilación, no se pudo determinar la dirección del corte fatal. Las circunstancias de los asesinatos deducen que las mujeres estaban recostadas cuando fueron asesinadas, y en todos los casos el asesino cortó primero la garganta. El médico forense Thomas Bond descartó la idea de que el asesino fuera médico o que contara con conocimientos científicos o anatómicos, argumentando que debía tratarse de un hombre solitario, con manía homicida o erótica e hipersexual, por el tipo de mutilaciones. Señaló también que el impulso homicida estaba determinado por alguna condición mental de venganza o melancolía, o una manía religiosa, como posibles hipótesis especulativas. En base a estas investigaciones, se determinaron teorías especulativas sobre la identidad de “Jack el destripador”, y una de ellas señalaba que el asesino debía vivir en Whitechapel y tener un empleo estable; porque los crímenes ocurrieron en fines de semana próximos a fechas festivas y en calles cercanas entre sí. Se especuló también que el responsable podría ser un hombre culto y de clase alta, posiblemente un doctor o aristócrata que había llegado a barrio de Whitechapel, procedente de un sector más opulento. Claro que hasta nuestros días, el caso de Jack el destripador, continúa creciendo, y se siguen buscando nuevas pistas para dar con la identidad del asesino en serie, más famoso de todos los tiempos.
FIN.
sábado, 12 de mayo de 2018
EL PRÍNCIPE SUPREMO
ESTUDIO DE ESTÉTICA Y LITERATURA
«Discutir
la naturaleza y la significación de la experimentación estética sería demasiado
largo. Basta aquí con sugerir que las mejores obras de arte, sean literarias,
plásticas o musicales, nos proporcionan algo más que un mero placer; nos
informan respecto a la naturaleza del mundo.»
Aldous
Huxley
En el
presente libro, planteo mis teorías literarias de lo que sería escribir y crear
un cuento, recogiendo elementos propiamente tales de lo que es la historia en
sí, pero dilecto lector, establezco el objetivo parámetro, de que no intercalo
en el desarrollo de mi pluma, la ficción. Porque en lo que es la escritura y
construcción de un relato o cuento, encontramos una expresión con dos
acontecimientos: El artístico, el cual constituye el aspecto estético; y el
temático que contiene la esencia de lo que el escritor desea comunicar. Por
consiguiente, en la construcción de un relato, concurren dos procesos
lingüísticos que se articulan e integran: La forma y el sentido. O sea son
planos narrativos, en los que en la forma el escritor organiza los distintos
elementos estructurales para conformar la trama; y en el sentido el escritor
realiza las operaciones lingüísticas necesarias para darle al cuento la
estética. Y estos conceptos llevados al plano de la narrativa, significa la
historia que estamos contando, y por otro lado el placer de la propia lectura. La
estética del discurso narrativo, tiene que seducir al lector, y su importancia
está en que es su primer punto de contacto con la historia, porque invita al
placer de la lectura, para sumergir al lector, en el segundo plano, el fondo,
vale decir el sentido del relato. Álvarez Espino y Góngora Fernández plantean
que la obra de arte es producto fundamentalmente del talento y de la
imaginación. Y reconocen que sin la ayuda de los procedimientos técnicos
resultaría imposible abarcar la perfección. Y es pertinente citar que el
estudio de la literatura, es determinado por la gran academia. Porque el
conocer los secretos resulta útil para acercarse al ideal de perfección
estética. Ahora bien, para dar una definición de experiencia estética, es
pertinente citar que es un modo de encuentro con el mundo, con los objetos y
situaciones ya sean naturales y creadas por el ser humano; que produce a quien
lo experimenta un placer. Un conjunto de emociones y un tipo de conocimiento
que puede considerarse de tipo estético, como la atención activa y la apertura
mental. Jauss plantea que la literatura se considera como un fenómeno pensado
para el lector, vale decir para el receptor, porque la recepción ha estado
presente en casi toda la teoría literaria del siglo XX. Ateniéndome a lo que es
el principio de lo que es la teoría literaria, vale decir una disciplina
general, descriptiva, que se ocupa en literatura; supeditado a lo que es la
historia de la literatura, por eso es que yo recojo elementos de la historia en
lo que es la fabricación y escritura de un cuento. Y si hablamos de literatura,
y sus obras abarca las significaciones en tres orientaciones científicas y
metodológicas, que son convergentes y complementarias: La dimensión filosófica, preceptiva e histórico-crítica. Pero mi
intención de escribir la lana, no va por el lado de la filosofía, sino por el
planteamiento de lo que es la literatura, con acercamientos a la historia, en
lo que es la confección de un cuento; y del presente libro. Porque la escritura
es un fenómeno netamente personal, subjetivo y heterogéneo, y además
profundamente social y cultural. Ya que
el libro es un dispositivo estético que privilegia la lectura, y la estética
literaria no se encuentra en la lectura de la documentación, sino en el trabajo
que el escritor realiza de la planeación de su obra, siendo fundamental la
recepción de su obra en el receptor, o más bien dicho, en el lector. Al definir
la dimensión filosófica, tiene su
carácter teórico y propone la identificación y formulación de los principios
estéticos que deben inspirar la obra literaria. Porque la base filosófica, da a
los estudios literarios la solidez teórica y la racionalidad didáctica. El enfoque preceptivo es de índole
prescriptivo y dicta las leyes tanto generales, para todo tipo de composición,
como particulares, para cada uno de los géneros que se han de cumplir en su
composición, en este caso particular y valga la redundancia, el cuento. Y por
último la dimensión histórico-crítica, de naturaleza y objetivos más prácticos
facilita los datos y los instrumentos para conocer el origen y progresos de la
literatura en general y el mérito de los escritores, por medio de análisis
filosófico. Es pertinente citar en literatura, dilecto lector que la
originalidad del libro es determinada precisamente por el carácter global de su
contenido. Claro que no puedo descuidar el punto de vista filosófico porque la
teoría literaria se inicia con la técnica milenaria, planteada por Aristóteles,
en sus tratados de retórica y poética, vale decir las teorías constructivas del
discurso propiamente tal. Y desde este punto de vista, la técnica literaria es
definible como la ordenación de principios, normas, y saberes acerca de lo que
es la construcción de la literatura. Dando como resultado una teoría explícita
o a priori, doctrinal, prescriptiva e ideológica; porque la teoría literaria en
tanto define implícitamente a posteriori la perspectiva de una serie de ideas o
pensamientos, inferidos o re construibles mediante la reflexión y el análisis sobre
el objeto literario dado. La teoría literaria, señor lector, es relacionada con
la retórica y la poética, siendo parte de la filología, en lo que se refiere a
la elaboración de una obra verbal; y también la teoría literaria para aclarar
más este concepto, se vincula con la estética; que representa el horizonte más
general, y filosófico en el cual queda definida la literatura, en lo que es su
creación, propiamente tal.
LA ESTÉTICA
Y SU HISTORIA
Desde un
punto de vista histórico, la teoría estética, propiamente tal nace en 1750 con Alexander
Gottlieb Baumgarten, por su relación entre la filosofía y la literatura. Y
tiene como representantes a: Diderot, Moses Mendelssohn, Gelessing, Herder,
Kant, Schiller, Schelling y Hegel, que se basaron en las artes plásticas para
derivar a la literatura. Dando paso con esto al nacimiento de la moderna teoría
literaria, que floreció de un diálogo de la estética con la tradición
filológica. Existen otros autores como: Schlegel, Novalis y Baudelaire, que
fueron fundamentales para la reflexión sobre la literatura, ya que en estos
autores la teoría literaria nunca dejó de ser realizada al lado de la teoría de
las artes plásticas, y de la propia creación de obras literarias. Sólo a lo
largo del siglo XIX, con la creación de los departamentos de filología,
surgieron los teóricos especializados sólo en literatura. En el transcurso del
siglo XX, encontramos a diversos filósofos que tuvieron una importante
producción de teoría literaria y de estética: Heidegger, W. Benjamin, Adorno,
HG. Gadamer, P. Ricoeur, J. Derrida y G. Deleuze. Además existieron teóricos de
la literatura, que influenciaron el pensamiento estético: G. Bataille, M.
Banchot, R. Barthes, T. Todorov, G. Genette, y Adorno. Y la estética, tiene una
gran dependencia en relación a la literatura.
LA ESTÉTICA Y SUS DEFINICIONES
Porque la
estética es una disciplina moderna y autónoma, relacionada con la teoría literaria.
Pero no puedo continuar la presente exposición sin definir lo que es la
estética: Es una filosofía del arte, porque es la ciencia que se encarga del
estudio de la belleza, y; desde un punto de vista filosófico, la búsqueda de la
verdad a través del arte, la percepción, y la sensación del ser humano. Porque
la estética es una disciplina moderna y autónoma, relacionada con la teoría
literaria, la retórica y la poética, y el objeto de estudio de la estética es “la
idea de lo bello, estudiada en su esencia y en sus formas”; distinguiendo cinco
puntos:
1- El
examen de la naturaleza de los objetos que despiertan en el alma el sentimiento
de belleza, el deseo de imitarlos y la voluntad de corregirlos.
2- La
investigación del primitivo origen o la fuente primera de la belleza.
3- El
descubrimiento de las relaciones de las diferentes manifestaciones y la
revelación de sus riquezas.
4- La interpretación
de sus significados.
5- La
identificación de sus fines.
Y en el
ámbito de las letras, la estética estudia los recursos utilizados y los
objetivos perseguidos por el artista; y desde un punto de vista clásico tiene
por objeto de estudio la verdad, en los últimos siglos con la influencia de los
medios de comunicación de masas, la estética se lleva al artista, en este caso
al escritor a la introspección, estudiando la esencia del ser humano, sus
sentimientos y percepciones. Para ilustrar más al lector, cito a Umberto Eco y
su definición de la estética: Se entiende toda obra literaria como una obra inacabada
hasta el momento en que entra en acción, la perspectiva del lector; su
interpretación basada en su propio bagaje cultural y personal. Y por
consiguiente existe la “estética literaria”, la que se refiere al objeto
literario y logra disciplinar a la teoría literaria. Y me detengo en este
punto, para definir y exponer lo que es la estética literaria, que es el campo
disciplinado más general de la ciencia de la literatura. Tiene por objeto de
estudios las ideas y conceptos, problemas y teorías o doctrinas de la poética,
la crítica literaria, constituyendo la estética literaria el desenvolvimiento
más comprensivo y filosófico de la ciencia de la literatura.
LA OBRA
LITERARIA Y SUS DEFINICIONES
Le entrego
al lector una creación personal de lo que es la narrativa, vale decir el cuento
desde mi personal creación literaria, por supuesto basándome en hechos ya
registrados cronológicamente conocidos comúnmente como la historia. Pero no es
mi intención ser un historiador, porque no lo soy dilecto lector, ya que
estaría faltando a mi rol de escritor. Yo recojo elementos de la historia para
confeccionar y escribir un cuento propiamente tal. Según Ingarden, la obra
literaria se define como: “Una formación puramente intencional que tiene la
fuente de su ser en actos de conciencia creativos de su autor, cuyo fundamente
físico, está en el texto escrito o en otro medio físico de reproducción”. Y me
detengo en este punto, para enfatizar que una obra literaria es el resultado de
la creatividad del autor, para ser leída y comprendida por el lector. Porque la
obra literaria trasciende la conciencia del autor, para llegar al lector,
dándole a este último, la posibilidad de dar un significado a la obra leída,
desplegando su imaginación. Para Ingarden la estructura de un texto se determina
por las maneras en que este puede ser realizado, definiendo al texto como una
estructura potencial que se concreta gracias al lector. Para citar a otro
autor, Iser, define a una obra literaria como: “Un registro documental de algo
que existe o ha existido, una reformulación de una realidad ya formulada que
trae al mundo algo que no existía antes”. Y me detengo en este punto para
exponer que de esto se trata mi personal creación y escritura de un cuento. De
tomar una realidad, y expresarla en mi plana como una nueva creación personal.
Este es mi aporte. Porque Iser, plantea que la obra literaria tiene dos planos
el artístico que es el creado por el autor, y esta es mi personal y literaria
visión de lo que es mi literatura, y el otro estético que es dado por la
concreción realizada por el lector. El proceso de la lectura, está concebido en
virtud de una realidad dada por la actualización del texto que hace el lector. Ahora
bien, dilecto lector. Entre los diferentes lenguajes que el hombre ha creado
para expresar lo que ve, siente, piensa, y quiere ser la literatura es una de
los más primigenios; porque se construye en su estrecha relación con el mundo.
EL TEXTO
LITERARIO
El texto
literario es aquel que forma parte de alguno de los géneros de la literatura y
la escritura artística, en los que la forma otorgada al mensaje es de vital
importancia, tanto como en contenido del mismo. Se diferencia de otros tipos de
textos, por sus intenciones estrictamente estéticas. Su creación ha acompañado
al hombre desde épocas remotas, en los llamados géneros literarios. Umberto
Eco, define el texto literario en contraposición a otros tipos de textos, el
que permite no sólo la interpretación semántica de los textos, sino que además
potencia una interpretación crítica: “La interpretación semántica o semiótica
es el resultado del proceso por el cual el destinatario, ante la manifestación
lineal del texto, la llena de significado. La interpretación crítica o
semiótica es, en cambio, aquella por la que se intenta explicar por qué razones
estructurales el texto puede producir esas (u otras, alternativas)
interpretaciones semánticas”. El texto literario, es una obra de arte, que
antepone el lenguaje al contenido. No es que el contenido, no sea importante;
sino que lo que prima en un texto literario es la estética literaria. Porque el
escritor maneja el lenguaje y lo resignifica a fin de que sea creada su obra de
arte. El lenguaje es manipulado de una manera formal y literaria. La finalidad
de un texto literario, es artística, no utilitaria, ya que es una obra de arte
puramente subjetiva; porque el escritor es libre de elegir el estilo y tono de
su escritura; apareciendo en él por lo general figuras literarias. El texto
literario puede pertenecer a varios géneros, los tres mayores son: narrativo
(cuento y novela, por ejemplo), lírico (poesía) y dramático (teatro escrito).
La división en géneros depende de la elección de la forma de escribir, ya sea
en verso, en prosa, o prefiriendo el diálogo. El texto literario se diferencia
de otros en primer lugar por su intención comunicativa, predominantemente
estética, vale decir artística: Constituyen una manifestación de la actividad
humana, mediante la cual el autor expresa una visión personal, por medio de
recursos lingüísticos. En el texto literario, se crea un mundo de ficción por
un proceso de imitación de la realidad, y el mundo creado en el texto literario
es imaginario. Y en su proceso de creación los textos literarios se ajustan a
determinados modelos, los cuales determinan su género, en este caso el cuento o
relato. Así una obra literaria es lírica, narrativa, o dramática. Ahora bien,
un texto estético supone siempre una intencionalidad, es decir una manipulación
de la expresión que provoca un reajuste del contenido, al producir un tipo de
función profundamente original. Va a reflejar de algún modo en los códigos que
sirven de base a la operación estética, con lo que provoca un proceso de cambio
de códigos. Toda esa operación, produce con frecuencia un nuevo tipo de visión
del mundo.
CARACTERÍSTICAS
DEL TEXTO LITERARIO
-
Originalidad: El lenguaje literario es un acto de creación consciente de un
emisor que es el escritor, con voluntad de originalidad. El lenguaje literario
debe ser inédito, extraño, siempre original.
- Voluntad
artística: Se usa el lenguaje con una voluntad artística, es decir, intentando
crear una obra de arte. Existe una finalidad estética.
- Especial
intención comunicativa: Este lenguaje no tiene una finalidad práctica, sino
estética.
-
Desviación: concepto: Llamamos así a la " recurrencia " o repetición
en un texto breve de unidades lingüísticas de cualquiera de los niveles, es
decir, aparición estadísticamente superior de una unidad determinada si la
comparamos con su frecuencia de aparición en el lenguaje "normal".
- Lo
connotativo: Es un lenguaje esencialmente connotativo. Se utiliza un lenguaje
abierto a la evocación y a la sugerencia a través de los significados
secundarios de las palabras: además es posible provocar nuevas connotaciones,
propias de cada lector, de cada autor o de cada época en que se recree, al
leerlo. En este sentido, hablamos de plurisignificación.
- Mundo
propio: El mensaje crea sus propios mundos de ficción cuyos referentes no han
de corresponder necesariamente con la realidad exterior. El lector no conoce el
contexto hasta que lee.
-
Importancia del significante: En un mensaje literario, el significante puede
estar motivado: musicalidad, aliteraciones, simbolismos fónicos... En general,
podemos hablar de la importancia de la forma.
- La
función poética: El lenguaje desempeña una función estética o poética cuando
llama la atención sobre sí mismo, sobre la manera de decir las cosas. El texto
literario se caracteriza por la especial atención que recibe el mensaje.
- Intención
poética: A diferencia de otras formas de texto, los escritos literarios ofrecen
una experiencia estética al lector: una lectura de la cual se desprende un
aprendizaje de tipo espiritual, un asombro ante el funcionamiento del texto
mismo, en lugar de la adquisición de un conocimiento específico, como
ocurriría, por ejemplo, con la lectura de un periódico o de las instrucciones
para usar un electrodoméstico.
- Subjetividad:
El texto literario es fruto de dos sensibilidades en contacto: la del autor y
la del lector. En ese sentido, no se trata de un texto objetivo, informativo,
que busque explicarle al lector cosas sobre la realidad, sino a menudo
cuestionarla desde un punto de vista subjetivo, desde un abordaje original e
irrepetible.
- Espíritu
de la época: Al mismo tiempo, los textos literarios capturan el llamado
“espíritu de la época”, que es como se llama al sentir colectivo que
caracteriza a una comunidad o a una civilización entera durante un período
específico. Por ejemplo, las novelas existencialistas capturaron el pesimismo y
la depresión posterior a las dos Guerras Mundiales (Primera y Segunda) a
mediados del siglo XX.
- Lenguaje:
El manejo del lenguaje en los textos literarios es, cuando menos, particular,
diferente. Un texto literario puede permitirse rupturas con la norma gramatical
(sobre todo frecuentes en la poesía) con fines estéticos, y en líneas
generales, una utilización del lenguaje no como herramienta para transmitir
información, sino como materia para fabricar la obra de arte. El “estilo” de un
escritor es, en ese sentido, su manera particular y original de emplear el
lenguaje.
- Gratuidad:
La lectura de los textos literarios se lleva a cabo de manera gratuita, es
decir, de manera libre, sin objetivos específicos y sin utilidad alguna. Oscar
Wilde, famoso escritor británico, decía que el arte es “profundamente inútil”,
ya que no cumple con cometido pragmático alguno en la vida de sus lectores,
como no sea el enriquecimiento espiritual o el entretenimiento.
- Ficcionalidad:
Los textos literarios son, en su mayoría, obras de ficción (sobre todo la
narrativa). Esto es, relatan eventos que no ocurrieron realmente, sino que
proceden de la imaginación y la inventiva del autor, quien reelabora la
realidad conforme a su mirada particular del mundo y a sus sensibilidades
específicas.
- Verosimilitud:
A pesar de ser de naturaleza ficcional o imaginativa, los textos literarios son
verosímiles, es decir, creíbles. Su funcionamiento depende de un “pacto de
suspensión de la incredulidad” entre el autor y el lector, en el que este
último se compromete a leer el texto como si fuera cierto, a pesar de estar
consciente de que no lo es. A cambio, el autor le promete construirlo de manera
tal, que el artificio se sostenga hasta la última página.
- Carácter
imitativo: Los textos literarios imitan a la realidad, es decir, la copian, la
reformulan, la emplean como materia prima para la construcción de la obra
literaria. En ese sentido, se dice que los textos literarios son “miméticos”:
son representaciones, imaginaciones, versiones de la experiencia real.
- Géneros
literarios: Existen formas puntuales de textos literarios, que se distinguen
entre sí conforme a sus reglas generales de funcionamiento, y que son:
- Narrativa.
Textos literarios en los que se despliega un relato, a cargo de la voz de un
narrador. Estos relatos contienen personajes y eventos más o menos ficcionales,
incluso fantásticos, plasmados de manera original y creíble.
- Poesía.
Uno de los géneros más difíciles de definir, ya que puede adquirir una
multiplicidad de formas. Se trata de una descripción poética, mediante un
lenguaje figurado o metafórico, de alguna experiencia relevante en la
subjetividad del autor.
- Dramaturgia.
La escritura de textos destinados a una representación teatral, a cargo de
actores y en un escenario determinado. Carecen de narrador, a pesar de
representar relatos también.
- Legitimación:
Los textos literarios perduran en el tiempo, transmitiéndose de generación en
generación, pues se los considera valiosos, pertinentes e importantes para la
educación de los ciudadanos futuros. En ese sentido, existen aparatos de
legitimación de las obras, es decir, que eligen cuáles perduran y cuáles se
dejan de lado, cuáles son valiosas para la sensibilidad de una época y cuáles
no tanto. Así, suele decirse que la literatura es una construcción de tipo
histórico.
EL TEXTO
LITERARIO Y EL LECTOR
En el texto
literario, el lector cobra un papel significativo ya que debe trabajar mediante
la lectura y su imaginación, y reflexión para completar la obra y reconstruir
el mensaje del texto y del escritor. Los lectores comprenden una obra de
diferente forma de acuerdo a sus experiencias, el contexto sociocultural donde
es leído el texto, sus lecturas previas, y sus conocimientos. Y la finalidad
del texto literario es hacer reflexionar a los lectores, cautivarlos a través
de las palabras y transmitir un mensaje de enseñanza. Todo esto es expresado y
escrito con un lenguaje que logra embellecer la estética del texto. El autor se
apoya en tres pilares fundamentales a la hora de crear un texto literario:
Narración:
Cuenta los hechos. Los hechos se sitúan siempre en un tiempo determinado. La narración
puede ser lineal o no.
Descripción:
Caracteriza personajes, lugares, tiempos, situaciones y objetos. La descripción
nos sitúa dentro de la trama donde se desarrollará la acción.
Diálogo:
Mediante el diálogo conversan los personajes. Es una forma de agilizar la
narración y desarrollar acciones.
Los textos
literarios se articular y desarticulan entre sí, y se mezclan con las
historias, porque una de las funciones pedagógicas del texto literario, es la
formación del lector. Ya que el texto es una producción escrita que permite
transmitir un mensaje de un emisor, que es el creador del texto, vale decir el
escritor a un receptor, que es el lector. Porque una obra no es solamente el
texto escrito, creado por el escritor, es la creación hecha por el lector a
partir de la interpretación del texto literario, y necesita para su existencia
al lector. A partir de esta afirmación, podemos citar que la literatura, no
tiene otra función que crear un diálogo entre el mundo del lector, y el mundo
del libro. El hecho de crear literatura, significa abordar el horizonte de
expectativas que guía, para enriquecer la lectura, y potenciar la construcción
de vínculos significativos entre el lector y la literatura, por el conocimiento
cultural del lector. Porque toda experiencia de lectura, es en sí una
experiencia estética, que es vivida por el lector a partir de su sentir y su
relación con el mundo de los textos. Porque al reconocer los rituales y las
opiniones que se construyen alrededor de la lectura y la literatura, significa
reconocer al lector como receptor y artífice de su propio aprendizaje personal.
FIN.
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